lunes, 15 de agosto de 2016

Words could not describe the feeling!




The World Youth Day 2016 in Krakow, Poland was definitely an amazing and fantastic experience where I got to meet a lot of new brothers and sisters in Christ who come from all over the world and experience lots of joy and peace from God. Apart from that, I would like to share some experiences that I had throughout the trip which struck me and touched my heart deeply.

During the encounter in Győr, Hungary, we decided to choose ‘Welcome’ as the theme for our group (United Kingdom). Moreover, I remembered clearly that we prayed the rosary in 10 languages while we were on the way to Wadowice from Częstochowa. Throughout these activities, I strongly felt the unity among us regardless of the difference of the nationalities.
Opening mass was absolutely an eye-opener for me because that was the first time I saw millions of people who share the same faith gathering together to celebrate mass. Words could not describe the feeling as people kept saying that the Catholic Church is irrelevant to young people anymore and by seeing this amount of people willing to walk miles to celebrate mass together basically proves that statement wrong.


Easter Vigil was the another eye-opener again because everyone had to walk at least 15 kilometres to a special designed site called Campus Misericordiae (Field of Mercy) for the World Youth Day Papal Vigil and Closing Mass. It was reported that roughly two million people attended the events and I was deeply inspired by the testimonials given by the young people and the words from Pope Francis.
I felt thankful for all the experiences I had and I hope that I am able to join the World Youth Day 2019 in Panama.

Eddie Polycarp, Malaysian currently live in the UK

FELIZ EL QUE VIVE Y ANUNCIA LA MISERICORDIA




Antes de viajar hacia el encuentro, decidí cargar mi maleta de ilusión en vez de expectativas. Decidí dejar un espacio para todo lo que trajera de allí, y decidí aventurarme a vivir la misericordia de Dios, pues 

FELIZ EL QUE VIVE Y ANUNCIA LA MISERICORDIA. 



A las pocas horas de situarme en el colegio donde estábamos alojados, ya sentía que aquel encuentro iba a ser algo muy especial: todos nos saludábamos al cruzarnos por los pasillos, entablábamos conversaciones con gente de países tan alejados al nuestro en cuestiones culturales como lo están en distancia, la alegría fluía, la música, también. Las canciones dirigidas a Dios, entonadas por cientos de personas, me ponían la piel de gallina, ¡aquello era tan grande! Lo sentí como un hilo de comunicación directo con Él.


Una noche, pude ver en los ojos de un joven taiwanés a Dios. El joven miraba con devoción al Santísimo el día de la vigilia. Allí, sentado en el suelo, se iba acercando físicamente a Él, poco a poco; era como si sus pasos siguieran el ritmo de su corazón y de su espíritu a medida que se iba fraguando ese acercamiento con Dios Padre, misericordioso. 


Sentí el amor del Padre en cada uno de los lazos que tendíamos a nuestros hermanos de todo el mundo, durante las charlas en las comidas, en los momentos de entretenimiento. Y es que, todos estábamos allí rodeados, abrazados, por un lazo mayor que tenía (y tiene) su origen y final en Dios.
Porque por Él estábamos ahí. 

 Y abrimos nuestras puertas más íntimas a la misericordia de Dios. A su perdón, a su amor. Y las sonrisas brillaban en nuestros rostros, a la vez que lágrimas perlaban nuestras mejillas, de pura emoción. 



Sabiendo que todo aquello era el inicio de algo grande.
Era Él mismo el que me decía que solo necesito confiar. Frente a una ventana que se abre al mundo me decía, estando a mi lado:
“No tengas miedo de mis planes con tu hermosa vida; unos planes, unos sueños que superan tus expectativas más grandes. No tengas miedo y lánzate a Mi expectativa con tu vida.”
Y es que, queda mucho por hacer.
Porque las ilusiones vuelven renovadas, no queda sitio para el cansancio.
Tras ser testigos del Amor, de la misericordia de Dios, queda anunciarla. Y es el momento.

Ana Fernández, estudiante de Medicina, 21 años.

sábado, 13 de agosto de 2016

Dios si que se hace presente en nuestros días.


Hola a todos, soy Carlos de Valdemoro, de la Familia Misionera Verbum Dei; y hoy os quiero compartir mi experiencia en la JMJ de Cracovia.

En primer lugar, tengo 18 años, y actualmente soy estudiante. Cuándo mis padres me animaron a ir a la Jornada Mundial de la Juventud, no me hizo excesiva gracia al principio. Tener que renunciar a parte de mis vacaciones con mis amigos, piscina, juegos y relajación; por ir a un país que no conocía de nada, con gente que en su mayoría solo conocía de vista. En fin, para que engañarnos, no tenía ganas de viajar. Sin embargo, un deseo de profundizar en la fe, que se fue acentuando conforme se acercaba la fecha, y ganas de viajar fuera de España, hicieron que finalmente, mi hermana y yo fuéramos a este encuentro.

A día de hoy sigo dando gracias a Dios de haberme regalado semejante oportunidad. Cuando uno vive en un ambiente de fraternidad, cuando estás tan feliz que no puedes parar de cantar con los que te rodean, cuando mires donde mires eres capaz de ver a otros jóvenes, que al igual que tu y yo, son personas normales y corrientes que viven sus propias vidas, pero que sin embargo son reflejo vivo de Dios. Cuando te das cuenta de todas esas cosas, eres capaz de ver como Dios si que se hace presente en nuestros días.

Además de todo esto, las charlas que nos ofrecía el Papa nos alentaban a anunciar todo esto con todas nuestras fuerzas. Y el ambiente de felicidad te "recargaba" las pilas para poder seguir viviendo a tope todos esos días.

En fin, es bastante difícil describir con palabras todo lo que uno ha vivido en la JMJ, así que sin duda alguna, os invito a cada uno de los que todavía puedan, a ser valientes y vivir una experiencia única en Panamá.

Un saludo. Carlos Novella

miércoles, 10 de agosto de 2016

Felice chi vive e annuncia la misericordia




Sono Arianna, una pellegrina che ha avuto l’immensa fortuna di partecipare al pre-incontro Verbum Dei a Gyor e alla Giornata Mondiale della Gioventù, tenutasi a Cracovia.
È un’impresa ardua quella di riassumere in poche righe quello che quest’esperienza mi ha lasciato, così come tradurre in parole le fortissime emozioni di questo pellegrinaggio, che mi ha arricchito fin nel profondo. 

Le immagini più vivide che per prime riaffiorano alla memoria sono piene di bandiere di svariati colori e volti rappresentativi di diversissime nazionalità, tutti accomunati però dallo stesso entusiasmo e da uno stesso sorriso, pieno di gioia e di genuina speranza, un segno di riconoscimento tra noi pellegrini.
È stato straordinario, infatti, vedere come milioni di giovani, provenienti da ogni parte del mondo, si riunissero in un solo posto, riuniti dalla stessa fede, dagli stessi ideali di pace e di uguaglianza, dalla stessa volontà di costruire giorno per giorno un mondo più giusto e di portare nella propria quotidianità quell’atmosfera di fratellanza universale che ogni pellegrino ha respirato in quei giorni di festa. 

Questa è stata la sfida che papa Francesco ha voluto lanciare a noi giovani in questo Giubileo della Misericordia, invitandoci a sentirci tutti missionari, ognuno coi propri talenti e il proprio carisma, e a farci inoltre testimoni di un importantissimo messaggio cristiano: adoperare la misericordia, specialmente nei confronti di coloro che soffrono e che sono in difficoltà.
La GMG, a riprova di ciò, ci ha dimostrato come sia possibile sentirsi parte integrante di una sola grande famiglia, sempre pronta all’accoglienza del diverso come qualcosa di estremamente prezioso e unico, un dono di Dio, proprio come lo è ognuno di noi.

Ho amato la bellezza di questa condivisione planetaria, ritrovata nei momenti di preghiera, di silenzio, di divertimento, ma anche di semplice quotidianità. (Panamá 2019, provare per credere!)
Mi auguro, per concludere, che ogni pellegrino sappia far tesoro di tutti i preziosi momenti vissuti insieme, e sia anche capace di ricrearli nella vita di ciascuno con coraggio e tenacia, perché l’unico cambiamento possibile siamo proprio noi.
 
«Beati i misericordiosi, perché troveranno misericordia» (Mt 5,7)